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El silencio de Alexia Putellas y el gen ganador del Barcelona | Mundial fútbol femenino 2023

PorAdiel Quesada

Ago 20, 2023

No hi ha distancia (no hay distancia)”. La frase ya forma parte de la historia del Barcelona femenino. Por el momento en el que se dijo. Y, sobre todo, por quién lo dijo. Después de que el Olympique de Lyon arrollara al Barça en la final de la Champions de 2019 (1-4), las azulgrana cayeron ante el Wolfsburgo en la semifinal de la siguiente temporada. Entonces, en plena pandemia, y en un vacío Reale Arena, Alexia Putellas avisó: “Ya no hay distancia entre los grandes equipos y nosotras”. Desde aquel momento, el Barça ganó dos Champions (2021 y 2023) y perdió otra final (2022). Es decir, el Barcelona femenino ha jugado cuatro de las últimas cinco finales de la Copa de Europa. Un éxito imposible de entender, así como la emergente popularidad del Barça, sin el fútbol y la personalidad de Putellas, líder del equipo en el campo, imagen del club ante los aficionados.

“Si creyera que no existiera ningún tipo de injusticia ni de desigualdad no me implicaría tanto”, reflexionaba Putellas hace unos meses. Su habitual discreción se ha transformado en silencio desde que aterrizó en el Mundial. Literalmente, no ha abierto la boca. “Está bien. Ha asumido un rol secundario y entiende que el protagonismo tiene que ser para las futbolistas que juegan más minutos”, aseguran los que conocen a la número 11. Hace poco más de un año, cuando España se preparaba para jugar la Eurocopa, a Putellas le crujió la rodilla. Forzó lo nunca visto para participar en la recta final de la temporada, con el objetivo de estar a punto para la cita mundialista. No lo consiguió.

“Lo que antes hacía en dos toques, ahora lo hace en cuatro”, explica una compañera de Putellas. “Es normal”, advierten los que la conocen; “le hace falta ritmo y sincronización con el resto de sus compañeras”. El rol de Putellas, solo titular en la semifinal ante Suecia, fue pactado con el entrenador Jorge Vilda, que entendió que no debía abrir un frente con la ganadora de los últimos dos Balones de Oro. Pero la capacidad de Putellas para adaptarse a su nuevo papel en el equipo, a veces se golpea contra la frustración de no reconocerse en su espejo futbolístico, como cuando la reemplazó Paralluelo ante Suecia y esquivó el saludo al entrenador de porteros de la Roja. “Ale es superexigente consigo misma. Lo fue toda la vida”, recuerda una de las azulgranas que no viajó al Mundial. Fue justamente Putellas la que lideró la charla con el entonces entrenador azulgrana Lluís Cortés, después de que el Barça perdiera ante el Lyon aquella Champions de 2019.

Alexia saluda a los aficionados en el duelo entre España y Suecia. AMANDA PEROBELLI (REUTERS)

“Nos pasaron por arriba físicamente”, expuso en el aeropuerto de Budapest. No era la primera vez que Alexia se rebelaba ante un baño de realidad que consideraba injusto. De hecho, fue parte activa de toda la transformación del Barça. Desde que se tuvo que ir de la entidad azulgrana porque no había suficientes niñas para hacer equipos hasta que volvió de la mano de Xavi Llorens para convertir un conjunto perdedor y sin rumbo en uno de los mejores de la historia del fútbol practicado por mujeres.

El Barça crecía en los campos al mismo tiempo que lo hacía en los despachos. Y pasó de invertir 100.000 euros en 2006 a tener un presupuesto de cerca de 10 millones en 2023. “Por culpa vuestra ahora debo tener un equipo femenino”, se quejó, entre risas, Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, a un directivo del Barcelona.

Sin un Madrid fuerte —compró el Tacón en 2020—, la selección española se nutrió los últimos años del Barcelona. En el mundial de 2019, siete de las once que saltaron al campo en la derrota en octavos ante Estados Unidos eran azulgrana. En la Eurocopa 2022, seis del Barça fueron titulares en la caída frente a Inglaterra en cuartos. Tanto las yanquis como las británicas se quedaron con el título en ambos torneos. Pero a las azulgrana, acostumbras a ganar, no les parecía suficiente. Querían más. Según las futbolistas, la profesionalización se transformaba en amateurismo cuando saltaban del Barcelona a la Roja. Los problemas, en cualquier caso, también estaban dentro del campo. “No entiendo por qué no hacemos la misma salida de balón que en el Barça”, se quejó, en su momento, una azulgrana a Vilda.

“Las centrocampistas tenemos que hacer lo mismo que en el Barça. Si somos las mismas”, le expuso otra. “Las jugadoras se quejaban de que los entrenamientos y los planes de partidos eran malos”, exponían, en su momento, desde el Barcelona. La frustración terminó con la renuncia de 15 futbolistas a la selección —Putellas, Hermoso y Paredes apoyaron a las disidentes—. El pulso, en cualquier caso, se esfumó en la previa del Mundial. No para todos. No para todas.

La Federación cedió —mejores condiciones—, también Vilda —”Ahora nos escucha más”, expone una de las futbolistas de España—. Y mientras hay jugadoras que optaron por priorizar su carrera, hay otras que pusieron sus valores por delante de un caramelo como el Mundial, como por ejemplo Mapi León, Guijarro y Gallardo. “No he hablado con ninguna de mis compañeras, pero el éxito de ellas también es el nuestro. Si no nos hubiésemos plantado, no hubiesen pasado los pocos cambios que pasaron”, reflexiona una de las exseleccionadas.

Hay algo que sí que no cambia en España. El Barça sigue mandando en las alineaciones. En la semifinal, siete titulares eran azulgrana. También jugó Hermoso, hoy en México, vinculada al Barcelona. En la Ciudad Deportiva Joan Gamper, en cualquier caso, no encuentran un equipo calcado. Según los analistas del femenino azulgrana, ni la salida de balón, ni los ataques por banda, ni la paciencia para tejer el juego es similar. Añaden las mismas fuentes que los planteamientos de los partidos son diferentes. “Es verdad que España es más vertical y que muchos de los planes de partidos no son tan completos. Pero nadie fue mejor que España y podemos ganar la final”, resume una de las azulgrana en Australia. Ya no hay distancia entre las grandes potencias del mundo y España. Y lo es, en gran parte, gracias al fútbol y al gen ganador tejido en el Barcelona. Lo sabe Jorge Vilda, que ha dejado algo de su poderoso ego acorralado; lo sabe Alexia Putellas por más que ahora decida estar en silencio.

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