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Antony Loewenstein, periodista: “Israel usa ‘apps’ que hacen que matar a palestinos sea tan fácil como pedir una pizza” | Tecnología

PorAdiel Quesada

Feb 11, 2024

El periodista australiano Antony Loewenstein (Melbourne, 1974) publicó en mayo en inglés un libro titulado El laboratorio palestino. Cómo Israel exporta al mundo la tecnología de la ocupación. Ahora llega la traducción española (Capitán Swing) con un prefacio nuevo centrado en el ataque de Hamás en octubre. Loewenstein no cree que los ataques del día 7 de octubre acaben siendo recordados como un fracaso de la industria de defensa israelí. Más bien al contrario.

En el libro, Loewenstein detalla algunas de las herramientas biométricas que Israel y sus soldados usan para construir una sólida base de datos de casi cada ciudadano palestino, así como cámaras policiales que intentan revelar la identidad de alguien que va cubierto con un pañuelo o apps que simplifican extremadamente el trabajo de matar.

Pregunta. La tesis del libro es que sin los territorios ocupados, Israel no sería líder global en ciberarmas.

Respuesta. Exacto. Es difícil de imaginar que Israel fuera un líder mundial sin la ocupación. Es como EE UU, que obtuvo un montón de experiencia en guerra en Irak y Afganistán, y ahora también en Ucrania aunque sus tropas no combatan, pero sí sus armas.

P. Una fuente en el libro dice que cada vez más países saben que Israel no controla a los palestinos tan bien como cree. ¿Es lo que se vio el 7 de octubre con el ataque de Hamás?

R. El libro salió en mayo. Incluí esa frase porque era casi una opinión contraria a mi tesis principal. Pero yo defiendo que el 7 de octubre no cambió eso. La bárbara masacre de Hamas fue una catástrofe militar, política y de la inteligencia israelí. Aunque en los últimos cuatro o cinco meses hemos visto dos cosas: una, en Israel apenas hay interés por reflexionar. Ahora hay una guerra en curso, pero no veo un interés real en hacer un examen serio sobre por qué falló la inteligencia. Se siguen probando y vendiendo nuevos productos en Gaza.

P. ¿No afectará a las ventas israelíes?

R. Hasta ahora no hay ninguna de que vaya a ocurrir. Antes del 7 de octubre, muchas naciones europeas estaban desesperadas por la tecnología de vigilancia israelí, que compraron después de la invasión de Rusia a Ucrania. La venta de armas más grande en la historia de Israel ocurrió en septiembre del año pasado con Alemania por 3.500 millones de dólares. Desde entonces muchas naciones miran con admiración lo que Israel hace en Gaza. Mi experiencia me dice que a la industria armamentística y de inteligencia israelíes les irá muy bien a pesar del 7 de octubre. Quizá sea contraintuitivo, ridículo, problemático, cortoplacista, pero nunca subestimes cuántos países quieren una de estas dos cosas: mostrar solidaridad con Israel por lo que pasó el 7 de octubre y alinearse con una mentalidad de guerra contra el terror. La analogía que haría es con el 11-S en Estados Unidos. Fue el mayor fracaso de inteligencia en la historia estadounidense y literalmente tuvo cero impacto en el sector de la defensa. De hecho, tuvo el efecto opuesto.

El laboratorio palestino, de Antony Loewenstein

P. ¿Exactamente qué tecnología falló en Israel aquel día?

R. Varias cosas. Una era cero tecnológica y otra alta tecnología. La poco tecnológica fue que un año antes del 7 de octubre Israel decidió dejar de monitorear los walkie-talkies de Hamas porque pensaron que no había mucho que escuchar y era una pérdida de tiempo. La parte más tecnológica fue que los miles de millones de dólares que gastaron en mejorar la valla no impidió que fuera vulnerable a los drones de baja tecnología de Hamas. Pero el principal fallo de inteligencia el 7 de octubre no fue tecnológico, sino ideológico. Hubo una profunda falta de voluntad de imaginar que Hamás era capaz de ese tipo de ataque y por tanto de pensar que solo con tecnología bastaba, casi una arrogancia tecnológica fue lo que hizo caer a Israel. Eso es lo que la mayoría de las investigaciones encontrará en los próximos años. Israel se convenció a sí mismo que su supuesta supremacía tecnológica vencería. La inteligencia humana fue tan masivamente degradada que creyeron, trágicamente para Israel, que la tecnología los salvaría. La mayor parte de la cobertura en los últimos cinco meses se ha centrado en qué tecnología falló. Creo que es un error.

El principal fallo de inteligencia el 7 de octubre no fue tecnológico, sino ideológico. Israel se convenció a sí mismo que su supuesta supremacía tecnológica vencería

P. El libro dice que la venta de Pegasus sirve a Israel para comprar favores diplomáticos. Pero España usó Pegasus y ahora es una voz sensible con los palestinos.

R. España es una excepción. Pegasus es hoy en cierta manera tecnología bastante antigua. Pero hay tantos otros ejemplos donde todavía se está usando obsesivamente desde Grecia hasta Togo, de India a Bangladesh. No digo que cada país siempre va a ser obediente a Israel en la ONU, no funciona así. La idea de Israel con esto en los últimos 10 años fue una apuesta, exitosa desde su perspectiva, de que todas estas naciones iban a comprar tecnología de vigilancia sin ningún coste político real para Israel.

P. Si Pegasus es tecnología antigua y su creador, el grupo NSO, se hunde mañana ¿qué pasaría?

R. Nada. Todos sus clientes pueden irse a otras empresas. Además la mayoría de firmas israelíes que ahora están en ese espacio tienen menos mala prensa, pero hacen lo mismo.

P. También hay empresas como NSO en otros países.

R. Sí, sin duda. El atractivo de lo que Israel vende no es solo la tecnología, sino que va vestida con una ideología, con un mantra que dice que han controlado exitosamente durante más de medio siglo a una población con estas herramientas. El 7 de octubre desafía algo de eso, pero eso es lo que han estado diciendo durante años y van a continuar diciéndolo.

P. En el libro un célebre periodista israelí, Ronen Bergman, niega su tesis: dice que no conoce casos en los que empresas israelíes usen los territorios ocupados para vender más armas.

R. Me quedé desconcertado por sus palabras, más considerando su trabajo. Lo entrevisté y lo puse en el libro para que los lectores lo vieran. Pero simplemente no es verdad. Parece que me lo estoy inventando. Ya le dije a Bergman que la evidencia es abrumadora. Hay vídeos, hay material de marketing. Hay que preguntarle a él. Honestamente no sé cuál fue su razonamiento. Tengo la sensación de que es alguien que está muy preocupado por la imagen de Israel. Es periodista, pero también está muy empeñado en mantener lo que él cree que es una imagen noble de Israel. La idea de que Israel estaría vendiendo armas, tecnología de vigilancia, que ha estado probando armas es algo sucio, mala imagen.

Israel vende un mantra que dice que han controlado a una población con estas herramientas

P. Quizá se da por hecho que esas armas pueden usarse contra los palestinos pero luego no usan ese argumento de venta.

R. Pero es que sí lo hacen. Hay una película llamada The Lab, hecha en 2013, que incluye imágenes de líderes militares extranjeros mirando pruebas de armas. No me lo invento. La evidencia es aplastante.

P. En el libro dice que matar a un palestino puede ser tan sencillo como pedir una pizza con el móvil: una app que permite a un comandante sobre el terreno enviar los datos de un objetivo humano a las tropas.

R. Es con una app. Obviamente no es un teléfono que uno de nosotros vaya a usar. Esto es central para lo que muestro en el libro: la deshumanización de los palestinos es clave para el laboratorio de Palestina. Solo funciona si los palestinos no son vistos como iguales. Si se considera a muchos o a la mayoría de los palestinos como una amenaza terrorista potencial, como reflejan encuestas antes del 7 de octubre y ciertamente desde entonces, entonces cualquier app que pueda usarse para matar y que sea tan fácil como pedir una pizza no se ve como inhumana, sino como lo racional para protegerte. Estás protegiendo a los judíos que construyen un estado sobre las cenizas del Holocausto. Hay una enorme cantidad de videos en TikTok de soldados israelíes en Gaza humillando a palestinos, atándoles, volando casas palestinas, todas violaciones del derecho internacional. Eso solo puede suceder si hay una creencia subyacente de deshumanización de los palestinos. La gente a menudo habla sobre la radicalización de partes de la sociedad palestina y hay partes de Palestina así, seguro. Pero también ha habido una radicalización de la sociedad judía israelí. Lo digo como alguien judío. Es una sociedad que ha sido altamente radicalizada. No puedes ocupar a un pueblo por más de medio siglo y no deformarte a ti mismo como sociedad.

P. El libro dice que Israel monitoriza a todos los palestinos sin importar edad, localización o intención. ¿Qué significa?

R. Es como lo que hace la NSA en EE UU. No digo que cada americano esté siendo vigilado cada día. Lo que quiero decir es que la unidad 8200, el equivalente de la NSA en Israel, básicamente monitoriza, controla y recopila información de todas las comunicaciones que los palestinos hacen dentro de Palestina, llamadas, correos electrónicos. No significa que lean todo. No tenemos la capacidad informática para leerlo todo.

P. ¿Esa información se usa para chantajear a palestinos para que se conviertan en informantes?

R. Mucho. Es muy común que Israel intente chantajear a los palestinos cuando quieren salir a ir a la escuela o recibir atención médica; no estoy diciendo que cada palestino, por supuesto, acepte ese rol. Pero no sabemos cuántos palestinos lo hacen. La información que realmente tendría sobre esas personas proviene de la recolección de vigilancia. Además de quien quiere salir, hay otra manera: la búsqueda de debilidades en los palestinos. Una aventura amorosa, un hijo fuera del matrimonio, la homosexualidad. Desde el 7 de octubre hay enormes cantidades de ministros del gobierno israelí hablando abiertamente en el Parlamento sobre lo importante que es para Israel seguir teniendo una enorme red de informantes en Gaza. Lo que a menudo no se dice es cómo llegan esos informantes. Así tienes una situación donde toda la población palestina, aproximadamente 5 millones, son vigilados siempre.

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